Pablo y Rosa. Capítulo II. Ojos Azules
La chica llevaba un tiempo observando al payo, grande como un caballo, un metro noventa le calculó a ojo, unas espaldas de camionero, y se le caía la cara de guapo, como un Di Caprio “jarto” de esteroides; a pesar de eso, a la vez transmitía ternura; la miraba continuamente, bueno a ella o a …