Caminos de Tierra (Rima)

Caminos hechos de tierra,
que se vencen al andar,
mientras el polvo se aferra
a quien no deja de avanzar.
Botas viejas y gastadas
por los años del trajín,
sobre sendas olvidadas
que parecen no tener fin.
Cuestas duras de ascender,
pendientes por doblegar,
donde hay que aprender
a sufrir para avanzar.
Curvas llenas de misterio,
guijarros en libertad,
pequeños dueños del sendero
y de su irregularidad.
La lontananza perdida
se confunde al contemplar
montes de extensión infinita
que no parecen acabar.
Y todo paso a pasito,
sin descanso ni fanfarria,
persiguiendo un requisito:
continuar la marcha diaria.
Tarde, mañana y aurora,
cada jornada será igual,
mientras el camino devora
la fuerza del caminante leal.
A veces faltan las ganas,
a veces falta la ilusión,
y se suceden las semanas
sin hallar explicación.
Sin saber bien dónde ir,
sin saber de qué escapar,
solo queda proseguir
por el viejo caminar.
Lluvia, nieve y pedrisco,
viento, barro y soledad,
sin hallar un cobertizo
que regale claridad.
Hay caminos de mil clases,
unos ásperos, otros buenos,
unos llenos de desfases,
otros de momentos plenos.
Pero todos, de algún modo,
por extraños que parezcan,
atraviesan tierra y lodo
hasta el lugar que merezcan.
Por eso sigue despacio,
sin temor y sin ansiedad,
con serenidad y espacio
para cada dificultad.
Porque al final llegarás,
aunque parezca lejano,
y comprenderás quizás
el sentido del camino.
No es la meta la victoria,
ni el destino al terminar:
la verdadera memoria
es haber sabido andar.

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