El Ardor

El ardor,

Las aspas del ventilador,

Que se mueven lentamente,

Y te llega levemente,

El aire caliente,

Que quema tu frente,

Aun moviéndose,

Pues hace más calor,

Es como un resplandor,

Que todo lo inunda,

Que te abrasa,

Que te deja la mente dormida,

El cuerpo casi sin vida,

Y moverte es ilusión,

El calor, la aberración,

Que nos deja en nada,

Cuando termina la jornada,

Y cuando creemos vivir,

No nos deja dormir,

Solo sudar,

Y sobre las sábanas dejar,

La huella de los sudores,

Si, son los calores,

Que parecen no terminar,

Y se juntarán,

La noche con la mañana,

Con la poca gana,

Que te deja al despertar,

Ese poco que has dormido,

Y que no sirve “pan na”

Pero la vida sigue,

Te arrastra, te desvive,

Y te arrastras, y no vives,

Pues se niebla la mente,

No entiendes a la gente,

Y solo quieres dormir,

O quizás, mejor, morir,

Que eso dura más rato,

Y al final encadenas la condena,

A ti mismo te das pena,

Pero a nadie más le das,

Así que, a currelar,

Que el que suba de cuarenta,

No acumula renta,

Para dejar de trabajar,

Y despierta del sopor,

Que, en el paro,

No se está mejor,

Mueve el esqueleto,

No te quedes quieto,

Que parezca que haces,

Aunque no sea nada,

Y con la vida haz las paces,

Y acabada la jornada,

Pégate una siesta de campeonato,

O quizás duerme solo un rato,

Te vayas a aficionar.

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