
Arias para cantar
cuando amanece el día,
y el alma vuelve a encontrar
su pequeña melodía.
Apenas logras despertar,
ya toca vestir la espera,
pues debemos caminar
porque la vida nos espera.
Mas no sabe aguardar,
ni conoce la paciencia,
nadie le quiso enseñar
tan extraña ciencia.
Quizá algún sabio olvidado,
algún griego pensador,
lo intentó desde el pasado
con empeño y con ardor.
Pero de poco valió
su doctrina razonada,
porque el tiempo prosiguió
sin escucharle por nada.
Y aquí seguimos los humanos,
soñando lo que vendrá,
haciendo planes lejanos
que el viento dispersará.
Contamos lo que esperamos,
con afán y con confianza,
y al final nos encontramos
con la misma destemplanza:
que después de la jornada,
del empeño y la llamada,
muchas veces no hay de nada
más que la nada esperada.