Paseos por Fuengirola (Rima)

Paseos por Fuengirola,
la que abraza el oleaje,
mientras la espuma se enrola
dibujando su paisaje.
Dicen algunos con celo
que no se debe entregar
a quien llega de otro suelo
lo que nació junto al mar.
Y sonríen los espigones
frente al puerto adormecido,
mientras piden explicaciones
a su silencio escondido.
La bocana nada habla,
guarda intacto su secreto,
aunque el viento la descalabra
con su murmullo inquieto.
Los barcos, con su vaivén,
parecen dudar un tanto,
cuando las olas también
levantan su oscuro canto.
Para ellos el mar inmenso
es camino y es destino,
aunque a veces, más intenso,
vuelva incierto su camino.
Pide un helado mi niña
con su sonrisa encantada,
y en su mirada se aliña
la petición esperada.
Sabe bien que conseguirlo
no resulta complicado,
y procura repetirlo
con talento ensayado.
Mas si le digo que no,
se detiene un breve instante,
sonríe, me mira, y yo
veo seguir su paso errante.
Y contemplo con paciencia
cuanto el paseo me ofrece,
mientras la hermosa presencia
de mi amor me fortalece.
Va delante algunos pasos,
hija también del dolor,
que deja profundos trazos
en la memoria y su ardor.
Es mi tormento querido,
porque yo quiero querer,
y aunque quede malherido,
no renuncio a padecer.
Todo termina diluido
por el paso de los años,
nada queda retenido
ni siquiera los engaños.
Es la ley de nuestra vida,
caprichosa en su poder,
unas veces complacida,
otras presta a sorprender.
Que ella siga su sendero,
que continúe su crecer,
y nosotros, paso a paso,
sigamos nuestro quehacer.
Pues aún quedan horizontes,
muchas cosas que admirar,
muchos mares y muchos montes,
mucho mundo por andar.

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