Lamentos (Rima)

Son lamentos y suspiros
que se lleva el vendaval,
como perdidos retiros
de un recuerdo sepulcral.
Es tristeza que se aleja
dejando fría la razón,
como una profunda queja
clavada en el corazón.
Son desengaños hirientes
que destruyen la ilusión,
y tormentos persistentes
que oscurecen la visión.
Es sentir el cuerpo yerto,
sin consuelo ni calor,
como quien vaga despierto
por los páramos del dolor.
La angustiosa sensación
de no hallar ningún camino,
ni encontrar una razón
que transforme el cruel destino.
Todos esos son pesares
nacidos de mis errores,
de mis vanos avatares
y mis marchitos amores.
Nunca pude comprender
que tu cariño era incierto;
yo llegué a creer y creer,
y me sentí casi muerto.
Cuando no escuché el «sí»
que esperaba con anhelo,
algo se quebró en mí
y cayó desde el cielo.
Me dejaste abandonado,
sin refugio ni consuelo;
jamás habría imaginado
tan amargo desconsuelo.
Y aunque el corazón murió
en aquella despedida,
el reloj nunca paró
su incansable marcha herida.
Quise renunciar al día,
quise rendirme al sufrir,
mas la propia vida impía
me obligó a seguir.
Y aquí sigo, escribiendo,
dando forma al sentimiento,
todavía comprendiendo
las lecciones del tormento.
Si regresa la memoria
con su carga de pesar,
desafiaré su victoria
sin dejarme doblegar.
Porque, al fin, mi mayor deseo,
tras la sombra y el sufrir,
es mirar de frente al cielo
y aprender a ser feliz.

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