
Tristeza y abandono, profundo desconsuelo,
lo mucho se hizo poco bajo un oscuro velo;
todo quedó caído, gastado y retorcido,
como un viejo recuerdo por siempre consumido.
El polvo lo recubre con manto silencioso,
la puerta permanece de aspecto lastimoso;
los recuerdos se pierden en un rincón desierto,
entre muebles antiguos y un pasado ya muerto.
Las paredes se agrietan mostrando desconchones,
allí donde murieron antiguas ilusiones;
las bombillas no alumbran la sombra del hogar,
ni queda una cerilla que las pueda encender.
El viejo bidé reposa vencido por los años,
la ducha está cubierta de moho y desengaños;
el wáter permanece vacío y sin rumor,
con la tapa cerrada guardando su dolor.
El pasillo se cubre de polvo y soledad,
la pintura se desprende con lenta gravedad;
las puertas desvencijadas apenas pueden abrir,
como si ellas también dejaran de existir.
La cocina desierta perdió todo su aliento,
el horno quedó abierto, vacío y macilento;
el gas ya no calienta ni devuelve el calor,
tan solo queda el frío de un largo desamor.
En los viejos balcones no florece el color,
las flores son recuerdos marchitos por el sol;
de cuanto allí hubo un día no permanece nada,
la casa se consume en sombra abandonada.
No guarda ya sonidos, ni voces, ni alegría,
tan solo el eco triste de una melancolía;
parece hueca y fría, sin alma ni mirada,
como una vieja historia por todos olvidada.
Fue un tiempo tu refugio, tu sueño y tu morada,
testigo de la risa, del llanto y la jornada;
mas hoy solo es silencio, ruina desolada…
la casa que fue vida, y ahora… ya no es nada.