
Caminos que ascienden hacia la alta sierra,
donde el alma busca la paz de su tierra;
que nadie se pierda siguiendo el sendero,
ni cambie su rumbo por falso lucero.
Hay sendas confusas que engañan la vista,
ocultas entre la maleza imprevista;
allí donde el monte lo acaba fundiendo,
el paso del hombre se pierde muriendo.
La zarza se vuelve más densa y cerrada,
y ahoga el avance con fiera emboscada;
apenas dos pasos consigues andar,
sin hallar un claro donde descansar.
Mas junto a la sombra discurre un camino,
abierto en la tierra por fiel peregrino;
a él se le debe respeto y lealtad,
pues guarda la huella de la libertad.
No queda otra senda, ni otro derrotero,
que seguir constante con paso sincero;
la marcha prosigue sin mirar atrás,
aunque el horizonte se esconda fugaz.
Quizá algún viajero consiga algún día
vencer la pendiente con fuerza y valía;
llegar a la cuesta que rompe el valor,
donde el pecho aprende el verdadero ardor.
Y arriba, en la cumbre de blanco esplendor,
la nieve ha guardado su eterno candor;
silenciosa vela la vieja ascensión,
custodia del tiempo y del corazón.