
Historias de desencanto,
de quienes vivimos tanto,
que ya nada creemos cierto
bajo este inmenso desierto.
Sabemos que la realidad
destruye toda verdad;
que al final todo lo apaga
y toda ilusión naufraga.
Te obliga siempre a pensar
que nada ocurre al azar;
que todo está calculado,
medido y determinado.
O quizá fue imaginado,
o tan solo fue soñado;
pero rara vez la vida
es como fue concebida.
Los amores, calenturas;
las promesas, aventuras;
la familia, desazón;
los amigos, decepción.
La bondad es el espanto
del que vive con quebranto;
del que teme en cualquier lado
terminar perjudicado.
Nada existe regalado,
todo acaba siendo cobrado;
de una forma o de otra manera,
como ha sido desde que era.
Todo se mueve por interés,
lo descubres con la vejez;
y si no lo quieres ver,
prefieres no comprender.
Mira entonces hacia otro lado
si te sientes molestado;
pero el golpe llegará
y la máscara caerá.
Si alguien se te ha acercado,
algo habrá considerado;
y si no pudo sacarlo,
al menos quiso intentarlo.
Nada es como quieres creer,
ni como te hicieron ver;
pues en este viejo andar
todos buscan obtener.
Y aunque duela la verdad,
o parezca crueldad,
pocos se aproximarán
si nada pueden ganar.