
Son tardes de pensar,
de sentado en la quietud,
con sosiego y con virtud,
lo vivido examinar.
Con calma, considerar
lo que hiciste en esta vida,
si fue senda ya perdida
o si te alzas al andar.
¿Y qué más puede importar?
Todo al cabo, en su caudal,
es no poder controlar
ni el principio ni el final.
Solo queda ir detrás,
dejarse arrastrar quizás,
mientras sueñas que decides
cómo vives y resides.
Mas es grande la mentira,
pues la vida empuja y gira,
te levanta, luego tira,
y del revés te retira.
Apenas le da la gana,
te deshace la mañana,
y te deja sin apoyo,
sin sostén y sin arroyo.
Luego en vilo te llevará,
sin descanso ni piedad,
sin demora ni tardanza,
sin dejarte la esperanza.
Solo en pocas horas cambia
cuanto el alma guarda y ansia;
lo que tuvo claro ardor
tomará tiniebla y dolor.
O quizá mejor color,
si te ampara otra ocasión;
quizá subas la pendiente,
quizá caigas nuevamente.