
Ya quedan menos días “contao”,
para que todo quede acabao.
Y me quede sin “na”,
como estaba “predestiná”.
Desde que nací lo sabía,
pero mi boca “na” decía.
Sabiéndolo “to” por dentro guardao,
me fui quedando, siempre callao.
Y ahora descanso, ya resignao,
quizá de frente al que me ha llamao.
¿Y qué le digo yo, Señor?,
¿que me vino grande este dolor?
¿Que a otro tal vez no le pesó,
pero a mí la vida me quebró?
¿Que cada día “agradecía”,
aunque por dentro me rompía?
Pues le diré que no, Señor,
que fue más llanto que calor.
Que entre la pena que caía,
el alma entera se partía.
Y que esta vida ya pasó,
pero en silencio me marcó.
Con algo oscuro, con inquina,
como una herida que no termina.
Y ahora pregunto, frente a vos:
¿por qué este juego, por qué a mí, Dios?
¿Por qué meterme en confusión,
sin darme nunca una razón?
Me tocó vivirla y desgastarla,
con quien supo hacerme amarla.
Y con quien logró también,
que odiarla fuera lo más fiel.
Y ahora, en esta última ocasión,
te pregunto si hubo otra opción.
Que hacerme así, un “desgraciao”,
toda la vida “tirao”.
Con el corazón siempre “encogio”,
y el ánimo roto, “caio”.
Haciendo siempre de tripas valor,
tragando en seco todo el dolor.
Quizá me has “enseñao” sin yo pedir,
lecciones que no supe admitir.
Quizá hasta tenga algún sentío,
aunque no encaje en lo vivido.
Pero esto es lo que me tocó,
y así la historia terminó.
Y si me equivoco en el final,
lánzame a un pozo abismal.
Y olvídate de mí después,
que no pedí vivir, ya ves.
Ni quise nunca aquí nacer,
y aun así lo tuve que hacer.
Así que aquí me despido,
cuando vuelvas ya me habré ido.
Y cuando quieras mirar atrás…
este que fui ya no estará.