
Todo se pierde en las brumas del pasado,
en un movimiento lento y continuado.
Desaparece sin ser notado,
como si nunca hubiera estado.
Lo sentido queda olvidado,
y lo amado, desdibujado.
Y en la memoria, sin descanso,
gira una noria en su remanso.
Nos sumerge en un río callado,
y nos arrastra por lo olvidado.
Hacia la ausencia sin retorno,
donde recordar se vuelve adorno.
Y al evocar lo que ha pasado,
parece ajeno, deformado.
Como si nada hubiera importado,
nos desprendemos de lo amado.
De aquella antigua locura,
en que extraviamos la cordura.
Y ahora no queda nada,
solo una sombra desdibujada.
Sensación vaga al recordar,
lo que no logra regresar.
Y todo al fin se perderá,
y nada ya importará.
Pues la mente empieza a ahogar,
lo que no puede sostener ni nombrar.
Aprieta el nudo sin piedad,
como soga de fatalidad.
Y aunque parezca que algo gira,
se apaga el pulso de la vida.
Ya casi inmóvil el carrusel,
se desvanece todo en él.
Dentro, la muerte se despereza,
mientras se quiebra la certeza.
Y tus manos buscan rezar…
sin saber ya en qué confiar.