La Noche, Sobre las Ventanas Cerradas (Rima)

La noche cubre callada
las ventanas clausuradas,
mientras el parque conserva
las historias que reserva.
Secretos de amantes furtivos,
de encuentros consentidos,
de promesas susurradas
bajo sombras alargadas.
Alguien marcha a la estación
con monótona intención,
arrastrando su equipaje
por las huellas del viaje.
Las ruedas cantan su son
sobre el gris del andén,
sin concierto ni razón,
como un lejano vaivén.
Otro avanza en la oscuridad,
sin buscar compañía alguna,
solo él sabe la verdad
de su rumbo bajo la luna.
Y un perro ladra a lo lejos
rompiendo el silencio frío,
como si lanzara consejos
a la llegada del día.
La noche poco a poco muere,
su dominio se disuelve,
mientras el tren aparece
y la estación lo recibe.
Llega con su balanceo,
cadencioso y desigual,
como quien trae un deseo
desde un destino lejano.
Descienden los pasajeros
con semblante pensativo,
dejando atrás los senderos
de su trayecto vivido.
La vida sigue pasando,
sin detener su compás,
y llega aquel caminando
que buscaba este lugar.
La estación permanece abierta,
fiel a su vieja misión,
quizá la verdad más cierta
en medio de la confusión.
Y finalmente amanece,
el cielo empieza a aclarar,
la multitud ya crece
y vuelve a ocupar la ciudad.
Los secretos se retiran,
las sombras quedan atrás,
y las rutinas respiran
su cotidiano ritual.
Así concluye la noche,
sin estrépito ni ruido,
y el nuevo día recompone
lo que el sueño había escondido.

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