Llega la Primavera (Rima)

Llega por fin la primavera,
y las sillas a la acera,
mientras se llena la calle
de quien no quiere que calle.
El jazmín va derramando
su perfume por los patios,
y el aire llega impregnando
los rincones más cercanos.
La tranquilidad se instala,
aunque el mosquito no para,
pues en su infinita maldad
también reclama su lugar.
Va y viene siempre el botijo,
de un lado para otro fijo,
repartiendo algún consuelo
contra el calor del desvelo.
Se comentan las jornadas,
las noticias y las charadas,
las historias exageradas
y las verdades disfrazadas.
Corre un fresco moderado
que vuelve amable el verano,
y hasta se soporta al avieso
que aparece sin ser llamado.
La muchacha sonriente
saluda tranquilamente,
moviendo al viento la trenza
con natural desvergüenza.
Y de pronto la sorpresa:
un golpe firme de prensa
acaba con un mosquito
que molestaba un poquito.
Se oye el seco restallar
en la penumbra estelar,
y alguien vuelve a rematar
al siguiente que osa entrar.
Mientras tanto el abanico
marca el ritmo del ratito,
ese instante tan sencillo
que vale más que un castillo.
Parece casi obligatorio
aquel encuentro vecinal,
como remedio transitorio
contra cualquier pesar.
Porque allí las aflicciones,
las penas y decepciones,
encuentran conversación
y también cierta solución.
No todo es bueno del todo,
eso lo sabemos todos,
y más de uno alguna puya
recibe y luego devuelve la suya.
Pero siempre con soltura,
sin perder la compostura,
diciendo las cosas claras
sin volverlas cuchilladas.
Se habla del mundo y la vida,
de la cosecha perdida,
del infinito y del destino,
y también del vecino.
Nadie escapa a los comentarios,
ni a los juicios necesarios,
porque en toda reunión
hay materia de discusión.
Y cuando llega la hora
en que la noche se agota,
regresas ya a tu colchón
cargado de información.
Te has enterado de todo,
o al menos de casi todo,
y aun así sabes muy bien
que mañana habrá más también.
Así que buenas noches,
que Dios acompañe a todos,
y si el ánimo responde,
volveremos de nuevo al corro.
Y mañana, si hay ganas,
volverán las mismas charlas,
porque mientras quede acera
seguirá la primavera.

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