
Rimas inesperadas,
Que vienen con el viento cambiadas,
Estrofas largas y sonoras,
Que se atragantan en las golas,
Ripios de sonido altanero,
Que paran en los puestos de los arropieros,
Letras, una tras de otra,
Que cantan sin sonido, solas,
Voces apagadas entre los volúmenes,
Que quieren salir incólumes,
Pobres animales de verso caído,
Que nunca saben porque han venido,
Y las letras en franca agonía,
Se pierden en la lejanía,
Dejando al ripio, al poema,
Como algo que solo da pena,
Por eso escribo en mi porfía,
Sabiendo que no habrá día,
En que se detenga mi agonía,
Y seguirán teniendo compañía,
Lo siento, día a día.