
Alguien dijo que al tocar el cielo abierto,
hallaríamos consuelo en lo incierto;
pero es mentira que quieren contar
a los ingenuos que desean escuchar.
Todo acaba siendo ensoñación,
nadie logrará tocar esa canción;
los ángeles no esperan más arriba,
quizá su historia siempre fue fictiva.
Para que nadie llegara a protestar
por la vida que le tocó soportar;
entre las nubes todo se perdió,
quizá jamás ningún dios existió.
Tal vez la cruda y desnuda verdad
sea más dura de poder aceptar;
quizá el infierno aquí siempre está,
y no hay paraíso al que llegar.
La esperanza tal vez nunca existió,
quizá solo una ilusión nos dejó;
nunca debimos mirar hacia el cielo,
sino seguir con los ojos al suelo.
Quizá nuestro destino, al final,
sea disolvernos en viento y cristal;
ser olvidados por la eternidad
del tiempo que nunca quiso pasar.
Perder incluso nuestro recuerdo,
quedar tan solo como cuerpos muertos;
perdidos para siempre en la nada,
donde al final toda historia se acaba.
Solo vacío, silencio dormido,
como si nunca hubiéramos vivido.