
Mundo poblado de seres vacíos,
De cerebros podridos,
De seres henchidos,
Para fornicar,
Hijos de padres destruidos,
Padres de seres disminuidos,
Que se refocilan en los estercoleros,
Con sus sucios sexos,
Lubricados de pecado,
Egoístas idólatras del dinero,
Raíz del mundo entero,
Hedionda flor de malditos brotes,
Que llena todo de torpes zotes,
Y lo importante queda en el olvido,
¿Quién nos enseñará lo divino?
Quedaremos puercos tras el vellocino,
Solo comer, descansar y fornicar,
Seremos bultos de carne que descartar,
Nada queda del hombre con dignidad,
Solo una carrera para hacer el mal,
Y no habrá sobre la tierra,
Una que no sea hija de perra,
O alguien que no sepa ladrar,
Y cuando llegue el final de los días,
Nadie quedara con vida,
Para el juicio final,
Porque ningún justo, dios encontrará.