
El mar embravecido, calmado,
¿Qué más da?
Su cadencia, su sonido,
El las piedras arrastrar,
O la arena en pleamar,
¿Qué más da?
Espuma que se alza,
Como peineta que enlaza,
El pelo que la rebasa,
Mientras la marcha a buscar,
Y las conchenas,
De todo, menos llenas,
En la mar quieren jugar,
¿Qué más da?
Y mis piernas pesando la arena,
Caminando a esa horita buena,
Que es cuando el sol se va,
Y quedo como espectador,
Sintiendo como se va,
Marcha el sol,
Y la umbría,
Que, como nada,
Se adueña de la bahía,
Como si fuera suya,
¿Qué más da?
Todo está en mi imaginación,
Mientras escribo esta descripción,
Ya no volveré a pisar las playas,
Ya no habrá yo que vaya,
A recoger las conchenas,
Intentándomelas llevar,
Ya no habrá tardes de paseo en el espigón,
Cuando la luna llena todo de melancolía,
Entre cuadrados de concreto,
Que, con ansia, las olas quieren romper,
Como niños pequeños,
Que es lo que quieren ver,
Si, allí ya no estaré,
Me quedaré en la lejanía,
Allí donde las torres miran,
Como se mueve la vida,
Pero no esperan la venida,
De los flecos de las olas,
De mi bella Punta Umbría,
Donde es remanso la vida,
En los paseos en la orilla,
Entre conchenas abiertas,
Entre dunas acrecidas,
Entre pinos agarrados,
A una tierra que se mueve,
Se llenará de turistas,
Que a seguro la matarán,
Ya casi nada queda,
De la que yo conocí,
De apenas un pueblo hablo,
Y de algún chalet más,
Todo playa, todo pinos,
Y la arena, y el viento divino,
Y que fría estaba el agua,
Cuantos metros de arena,
Para que te tape las piernas,
Saluden que nos conocemos,
Cangrejos que cogeremos,
Y quizás algo más,
Caballas de carretilla,
Plaza de pescado a reventar,
La paz de una ciudad chica,
Y mar para cocinar,
Esa era Punta Umbría,
Que ya mismo, es seguro,
Seguro que no será “na”