El Azul del Cielo (Rima)

El azul del cielo claro vuelo,
se vuelve en nubes de dulce caramelo.
Se rompen, se desgajan en el cielo,
como bestias que danzan sin consuelo.
En un instante queda el cielo vacío,
y del sol se levanta el desafío:
quiere quemar los ojos sin enojo,
y arrasa los resecos rastrojos.
Y el lagarto en la pita se irrita,
reclama todo el sol sobre la pita;
al final sus párpados pesan y empiezan,
y en un instante cansados se cierran.
Y a lo lejos se acerca el arriero,
con su viejo y cansado carricoche,
de cerámica humilde viene lleno,
crujiendo lento al clarear la noche.
Ya llega la mañana amarilla,
esa que las fuerzas acribilla;
con la frente perlada de sudor,
y el cuerpo inflamado por el calor.
La semana no ha ido bien,
nadie compra aquello que hacen también;
y la vida parece perdida,
todo cambia en un solo día.
Mientras el jamelgo que del carro tira,
camina sin ver lo que el camino mira;
pues es dura la vida vivida,
la del pobre doblado en la vida.
Y arranca despacio, muy despacio,
aunque el camino sea cuesta abajo;
otra semana vendrá, ya verá,
a comer poco… si se puede estar.
Y se aleja bamboleante el instante,
perdiéndose en el seco horizonte
del secarral triste y perdido,
donde el sol golpea maldecido.
Machaca tenaz la tierra y el suelo,
con su hierro ardiente sobre el cielo,
pues ya se han marchado del cielo
las dulces nubes de caramelo.

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