
Los ángeles cantan en coro distante,
y no sé por qué suena tan desgarrante.
Todo está triste, lo puedes ver,
la sangre en las calles vuelve a correr.
La gente se mata una y otra vez,
como si el odio dictara la ley.
El mundo colapsa, la vida se arrasa,
la noche en cenizas al alba abraza.
¿Y qué cambia ahora? La gente llora,
igual que ayer, igual que a cada hora.
Levanta las manos hacia los cielos,
buscando respuesta entre nubes y velos.
Mientras solloza por lo que la guerra quitó,
y a nadie en el fondo jamás ablandó.
Todo se vuelve peor, más atroz,
como si el dolor al dolor diera voz.
¿Es este el infierno que expiar nos tocó,
la deuda de siglos que el hombre pagó?
Quizás cuando muramos, sin ruido ni huella,
quede el paraíso brillando tras ella.
Mas dudo que exista verdad tan piadosa,
ni mente tan cruel ni tan tenebrosa,
que saque del fuego al alma perdida,
para arrojarla de nuevo a su herida.
Supongo que es justo el castigo vivido,
pues hicieron contigo lo prohibido.
Crearon un dios para hacerte creer,
y darte una fe que después romper.
Y cuando creíste con fe en la piel,
te castigaron también por aquel.
Así que no importa en qué quieras creer,
si el miedo gobierna tu forma de ser.
Pues en el infierno respiras también,
y en ese infierno morirás amén.