
Mil canciones podría escribir
si mi anhelo fuera vivir.
Pero no es ese mi deseo,
pues ya casi muerto me veo.
No quiero rezos ni plegaria,
ni ceremonia funeraria.
Pronto vendrá la mañana
y tañerán todas las campanas.
Saludarán al nuevo día
con su festiva melodía,
mas yo no comparto esa alegría
que otros llaman todavía vida mía.
Pues en esta vida maldecida
poco hallé que fuese verdadera vida.
Nada vi que mereciera
ser recuerdo cuando muera.
Toda dicha es un momento
que se lo termina llevando el viento.
Por eso prefiero la tumba callada,
donde no se disputa ya ninguna batalla.
Allí todo queda en silencio guardado,
todo dolor termina olvidado.
Así que seguid luchando,
seguid aún batallando;
lo poco que me quedaba
lentamente se me acaba.
Ya mi aliento se retira,
ya mi pulso casi expira.
Pronto dejaré este frío camino,
pronto acabaré mi destino.
Y por ello incluso me alegro,
pues no quería llegar a viejo.
Que otros sigan con su guerra
y sus sueños sobre la tierra;
yo me marcho sin lamento,
libre al fin del sufrimiento.