Lo que la Tarde Oculta (Rima)

Lo que la tarde oculta y deja en su caída,
aparece en silencio con la atardecida.
Cuando llega la noche con su oscuro manto,
y el mundo se estremece en un profundo espanto.
Entonces comprendemos, con pena compartida,
que nada es como antes cuando muere la vida.
Lo que gozoso fue bajo la luz querida,
se vuelve negra nube, presagio de caída.
Es la atardecida cuando los trasgos salen,
cuando antiguas tinieblas de sus guaridas valen.
Cuando la duda espesa su sombra en la neblina,
y el día que se extingue nos hiere y nos termina.
Sí, llega la atardecida con su sombra tendida,
destruyendo despacio lo mejor de la vida.
Y a los viejos demonios se les ve la sonrisa,
aguardando en silencio que la esperanza agoniza.
Esperan para alzarse, con su hambre encendida,
a llevarse la luz que sostiene la vida.
Sí, con la atardecida todo lento se pierde,
lo que el alma resguarda y el recuerdo no muerde.
Y la noche se cierra como oscura guarida,
mientras marcha la muerte con ambición desmedida.
Todo quiere llevarse, porque nadie la evita,
porque nadie detiene su llamada maldita.
Y las sombras se funden en los ojos cansados
de los tristes insomnes que vigilan callados.
En aquellos que sienten que la noche los hiere
y les roba la vida mientras todo se muere.
Queda sólo la sombra, silenciosa y marchita,
de la fe que en la aurora fue promesa bendita.
La esperanza de ser que la mañana alumbró
mira ahora en silencio que la vida acabó.
Porque cuando la noche su dominio ha tejido,
todo muere en su reino, todo queda vencido.
Y así llega la noche, lenta, grave y decidida,
cerrando para siempre la última atardecida.

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