
Los cielos quieren abrir,
tras tanto tiempo de llover;
parece que la tierra quiso morir
bajo su llanto al caer.
Los ríos bajan del monte
con su caudal desbordado,
trayendo desde el horizonte
el deshielo liberado.
Es el tiempo del deshielo,
del agua que rompe el suelo
y brota desde las entrañas
de las calladas montañas.
Ahora todo se ha vuelto verde,
y el valle entero se enciende;
la tierra, apenas sin esfuerzo,
recobra su antiguo pulso.
Y pronto, sin que se advierta,
la ladera quedará abierta
a un color casi imposible
de tan vivo y tan visible.
Tanto color sorprenderá
a los ojos al mirar;
todo vibra en su retrato,
verde incluso en los cortados.