
Ya pasó la vida como un relámpago,
dejando apenas un perfume vago;
el rumor de los días ya pasados
se pierde en los ojos cansados.
Del recuerdo de tantos ayeres,
ya apenas te quedan quereres;
despegado del viejo movimiento,
respiras tan solo abatimiento.
Ya no queda aquello que hizo palpitar
ese corazón dispuesto a fallar;
el cuerpo, ya lento y desgranado,
es como el trigo segado.
Tan solo permanece el recuerdo
de aquello que un día fue acuerdo;
ya nada importa, nada ha quedado,
todo reposa en el pasado.
Tú, que fuiste firme y tan fuerte,
miras ahora temblando a la suerte;
la vida, al rozarte la muerte,
te ha marcado de amarga suerte.
Desanimado, casi acabado,
sientes el pulso ya fatigado;
miras las cuencas vacías,
por donde se escapan tus días.
Y lloras la triste partida,
de una batalla ya perdida;
temes tan solo la despedida,
el último aliento de vida.
Que el dolor no sea lo sentido,
cuando llegue el haber partido;
que sea apenas transición
la que cierre tu corazón.
Que no quede el peso intenso
del dolor que viste sufriendo;
que solo sea el silencio
quien te lleve al hondo suspenso.
Al vacío de la nada olvidado,
sin memoria de lo que has sido o amado;
que nadie recuerde tu existencia,
ni guarde leve constancia.
Que nadie diga que hubo un día
alguien que vivió como vivías;
y que todo vuelva al vacío,
sin recordar que te has ido.