Caminos Abandonados (Rima)

Caminos yermos, polvo abandonado,
bajo un cielo sin pulso ni pasado.
Seres perdidos, náufragos sin puerto,
y al frente avanza un marinero tuerto.
Sonríe al aire, seco y desolado,
sin agua en el horizonte calcinado.
Luce la mueca triste y quebradiza
de quien huye sin fe ni sonrisa.
Vida marchita, sombra que se aleja,
promesa rota que el paisaje deja.
En lontananza tiembla la esperanza
como espejismo gris en la distancia.
Caminos blancos, polvo suspendido,
que el viento arrastra en giro sostenido.
Viene y regresa en áspero lamento,
con su perpetuo y terco movimiento.
Acaricia mis sueños en su brisa
mientras se apaga mi cansada vista.
Se pierde entre bancales desolados,
secos como los ojos clausurados
de aquel que, siendo tuerto en su ceguera,
rehúsa ver lo que mirar pudiera.
Con un ojo muerto al horizonte,
y el otro prisionero de su monte.
Detrás camina, en fúnebre tropel,
una comitiva pálida y sin piel.
Siguen al guía que nadie ha visto,
primer caminante jamás descrito.
Y yo me retuerzo en mis desvaríos,
arquitecto oscuro de mis vacíos.
Hablo de sombras, figuras desnudas,
que cruzan mis horas más crudas.
En mi país de escasa indulgencia,
donde se premia sin benevolencia.
Aquí cualquiera pretende ser,
aunque no sepa qué quiere hacer.
Y no sé qué ni cómo entender
la grieta que me obliga a escribir y a arder.
Aquí concluye mi historia incierta,
como casa sin llave ni puerta.
No la entendiste, y no es desatino:
cada lector recorre su camino.
Quizá es mejor que quedes intacto
del mal que en mí dejó su pacto.
Si nada entiendes, mejor así:
no todo está hecho para ti.
Es canto para extraviados sentidos,
para los de juicio desvaído.
Para los locos que saben leer
lo que otros no quieren ver.
Y si has llegado hasta el final,
quizá compartes mi umbral.

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