
Llueve, como llueve,
Lo que estaba seco,
Ahora, ahogado muere,
Nada permanece entero,
Riadas de agua caída,
Limpian las sucias heridas,
Que nadie pudo sanar,
El mundo se quiere ahogar,
En húmedos turbiones,
Que calman las oraciones,
Pues el cielo se ha abierto,
Dejando libres a los muertos,
Que asustados,
Preguntan qué ha pasado,
Y la gente pasa a su lado,
Y ni siquiera los han mirado,
Ha llegado el fin del mundo,
De este mundo inmundo,
Donde los muertos no son nada,
Ni en la noche, ni en la mañana,
Y la vida continúa,
Como si nada,
Y el dios que castiga,
Lanza rayos y truenos,
Y ni siquiera los buenos,
Miran hacia arriba,
Ya no asusta,
El que no existe,
Y la muchedumbre camina,
Con desgana a la oficina,
Más miedo da el trabajo,
Que el del cielo en su encargo,
Solo los locos conminan,
A los paseantes con su doctrina,
En un mundo de locos prepotentes,
Que encarcelaron a los inocentes,
Pues a dios ya le perdieron el miedo,
El infierno es el consuelo,
Lo prometido al fina, lo que desearon,
Pues el mundo se ha convertido,
En un vertedero asesino,
Del que mejor escapar,
Siempre es mejor el infierno,
Que el continuo invierno,
Que mata sin amenazar.