Caminos que a Ningún Lado Llevan

Caminos que a ningún lado llevan,

Que son mi condena,

En mi loco caminar

Accidentes, penas,

Que me quieren parar,

Y la vida sigue,

Sigue con maldad,

Y los hombres que me rodean,

Me miran sin parpadear,

Locos, tontos, santos,

Solo son tantos,

Que no los puedo contar,

¿Cómo puede ser?, me pregunto,

Que cada uno de ellos tenga ese ser profundo,

Que también creo tener yo,

Que me creía exclusivo,

Y ahora entre la multitud,

Solo veo la plenitud,

De la inmensa muchedumbre,

Que es tan igual como yo mismo,

Y me pregunto dislocado,

Solo soy uno más en este enorme tinglado,

Y me tengo que esconder,

Pues lo acabo de saber,

Que, entre toda esa manada,

No soy apenas nada,

Solo quizás un grano de arena,

Que arrastra el mar en su condena,

Y el corazón se me viene abajo,

Ha trabajado a destajo,

Y me dices que no soy nada,

Solo otra oveja gorda y puerca,

Que se queda en la puerta,

Esperando que la esquilen,

Yo ten digo a ti que no,

Ese momento pasó,

Nunca fui dócil borrego,

Que manejar con desapego,

Como cualquier animal,

Trasciendo de tu potencia,

Que no de tu importancia,

Y me retiro a la distancia,

Donde no me puedes ver,

Yo a nadie pertenezco,

Yo ni dios tengo,

Mi vida es solo mía,

A nadie más pertenece,

Así que maldito fenece,

Aunque te llamen dios,

Pues en ti yo no creo,

Ni mi creación veo,

Así que me retiro a mi esquina,

A lavarme mis heridas,

Y que me dejes ser yo.

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