Nada que Escuchar (Rima)

Nada queda por escuchar,
todo es silencio al pasar;
en la inmensa soledad,
solo habita la verdad.
Ecos de voces perdidas,
que viajan con las heridas,
entre el viento y las avenidas,
donde duermen las vidas.
El polvo lento se alza,
en la esquina que no cansa,
de la casa envejecida,
que aún resiste a la caída.
Resuena un eco marchito,
de lo que partió calladito;
son voces ya distantes,
de tiempos vacilantes.
Sombras que aún se asombran,
de promesas que nombran;
del siglo que enmudeció,
y en guerras se consumió.
Guerras del odio y del llanto,
del desgarro y su quebranto;
que aún laten, aún no cesan,
aunque los años regresan.
Silencio entre ecos rotos,
de los muertos, de los otros;
que callan bajo su manto,
sin que suene ya su canto.
Se acabó el siglo pasado,
y este nuevo, comenzado,
lo llenamos de violencia,
de sangre y de penitencia.
Callados están los muertos,
en su país, tan incierto;
en sus huecos, mullidos, fríos,
duermen todos… sus desvíos.

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