
Caminos del sur, olvidados,
senderos por ti dejados.
Hijo que el hambre llevó,
y del terruño marchó.
No olvides de dónde vienes,
ni la sangre que tú tienes;
aunque el tiempo te desvele,
Andalucía te duele.
Hoy tal vez ya no hables su lengua,
quizás la ajena te sostenga,
o de dentro, una cualquiera,
te confunda en su quimera.
Cambiaste tu nombre antiguo,
por otro falto de abrigo;
dirás de tu madre injurias,
mas no borrarás sus furias.
Extranjeros, charnegos, maketos,
que ocultáis vuestros secretos,
¿qué dejasteis en la maleta?
¿vergüenza o tierra discreta?
Que nadie hable de aquel día…
¿tanta afrenta os da Andalucía?
Mal destino, amarga suerte,
renegar de lo que os vierte.
Os fuisteis y nos dejasteis,
en la sombra nos vendisteis;
mala madre es, sin querer,
la que no puede ofrecer;
mas peor hijo, sin duda,
es quien su raíz desnuda,
y avergüenza su cimiento,
negando su nacimiento.
Quedaos lejos, si queréis,
que aunque pobres nos veáis,
el orgullo aquí no escasea,
ni el sudor que el campo crea.
Callosas manos tenemos,
de lo poco que poseemos;
os deseo, con voz sincera,
que nadéis en la riqueza entera.
Levantad el rostro altivo,
mas sabed lo que os digo:
sois la raza de los perros,
que se esconden de sus suelos.
Con el rabo entre las piernas,
os consume lo que niegas;
y mientras mentís a los vuestros,
nosotros seguimos nuestros.
Decidles de dónde maman,
de qué tierra los proclaman;
no borréis vuestros caminos,
ni escondáis vuestros destinos.
Sois troncos ya mutilados,
árboles desarraigados;
y nosotros, los andaluces,
lloramos por los que fuisteis inútiles.