
Mil kilómetros sin avanzar,
el cuerpo roto al intentar.
La vida sigue, seguirá,
en un marasmo que no cesará.
Son los ecos del silencio,
un rumor frío e inmenso,
sordo clamor que quiere aterrar,
voces que gritan sin cesar.
Almas que buscan escapar,
de la sombra que las va a abrazar.
Pesadilla perfecta, oscura y fatal,
que todo lo traga, sin final.
Y cuando al fin te arrastrará,
como si nada, te llevará;
y al término del viaje, fugaz,
nada serás… y nada más.