
El día se apaga ya,
la noche pronto vendrá.
Las campanas repican fuerte,
como el anuncio de la muerte.
Tiembla el viejo ventanal
de la catedral ancestral.
Hijos lloran con piedad,
rodeados de oscuridad.
Callan, rezan, sin saber
que el final va a suceder.
Es el fin de los tiempos duros,
de los buenos y los impuros.
Cuando suene la campana,
en su nota más temprana,
y se escuche su tañido,
no quedará hombre con vida…
todos habrán ya partido.