
El sol al fin amanecía,
y disipaba la noche fría.
Oscura sombra se deshacía,
todo era luz, era ilusión,
que muere al paso de la razón.
El día avanza sin compasión,
y el alma cae sin redención.
El tiempo corre, indiferente,
matando sueños lentamente.
La tarde llega, el fin consiente,
todo se apaga silencioso,
como un recuerdo doloroso.
Y al fin, la noche se estremece,
y el miedo oculto reaparece.
Los fantasmas, con voz oscura,
reviven penas con su espesura.
La cama, un nido de amargura,
recoge llanto y desventura.
Solo resta, sin alternativa,
llegar al alba… llegar con vida.