
Sueños de metal bruñido,
ecos sordos del olvido,
campanas que tañen silencio,
en recovecos de incierto inicio.
Almas tibias de muñecas puras,
que defecan en almas oscuras.
Es el confín de la miseria vieja,
donde el trasgo aún se queja,
allí habitan duendes y esencia,
de una extinta existencia,
de aquel mundo ya difunto,
que se perdió en lo más profundo,
de bosques de húmeda presencia.