
Luchar contra el desánimo y perder,
ver a los héroes hundirse sin poder.
Ver cómo todo lo creado se desvanece,
y solo queda lo que el dolor merece.
Quedar pasmado, sin aire, congelado,
mientras la vida ruge de su lado.
Nos muestra entonces su faz traicionera,
y todo cae a una sima sincera.
Donde todo irá, sin tregua, a morir,
y no queda razón para seguir.
Te sientas, ya sin alma ni lamento,
en el frío y cruel asiento del tormento.
No quedan ya ni restos de emoción,
ni voluntad, ni luz, ni redención.
Los perros han sido por fin soltados,
y el infierno viene, desatado.
¿Frío o calor? ¿Qué importa ya?
Todo pronto se desvanecerá.
Hijos de muertos, duermen sin abrigo,
sobre piedras que rezan su castigo.
Sobre colchones de dura agonía,
imploran rezos a una tierra fría.
Y crece la yedra, se enreda silente,
teje lazos de muerte lentamente.
Ya no hay suerte que nos salve ahora,
ni destino que nos llame a otra aurora.
Es el fin, sin aplauso ni aliento,
es el fin de todo aspaviento.
Llorad, sabíais que esto llegaría:
que nunca más la noche será día.