Explosión de Colores (Rima)

Explosión de colores, rojo, azul profundo,
y sobre todo negro, que se traga el mundo.
El cielo se cierra, ya no hay consuelo,
parece el paludú que comías sin duelo.

Cuando eras inocente, antes de la ruina,
antes de que la indecencia hiciera esquina.
Almas blancas, limpias y sinceras,
teñidas hoy de sombras traicioneras.

Días de cielo ardiente, pelo al viento,
el perro pegado, atrapado en tormento.
Leones moribundos, descarnados,
a mordiscos, por ratas desgarrados.

Días largos, con deseo de muerte,
cuando pides al mundo que ya no despierte.
Lecciones, canciones, y falsas bendiciones,
de un cura que repite las mismas oraciones.

¿Y qué importa ya, si nunca fuiste pura?
Ni al nacer tu alma fue tan segura.
Perros lanudos, sucios, derrotados,
vagan en el submundo, olvidados.

Hijos de la mugre y del abandono,
sin techo, sin nombre, sin tono.
Venas picadas con vida extinta,
llama el camello, y la sangre se pinta.

Te has pasado, ya no vas colocado,
vas flotando, por lo alto elevado.
Monstruos de mil colores, delirantes,
amarillo, púrpura, sombras vibrantes.

Y de nuevo el amarillo te consume,
tu sonrisa cuelga del gotero que resume.
Vuelas por el hospital, desorientado,
ni tomas la medicación del recetado.

Solo imploras metadona, nada más,
porque la vida no te perdonó jamás.
Volverás a la esquina, a la caída,
a terminar, sin gloria, tu herida vida.

Con la jeringa clavada en el hueco,
en un pudridero oscuro y seco.
Y el sepulturero, sin un gesto siquiera,
te mirará en silencio, sin espera.

En tu tumba escupirá su desprecio,
ese será tu trono, tu único aprecio.
Un mísero epitafio sin perdón,
mientras él bebe, hundido en su rincón.

Recordando que hace poco, con desgana,
tapó tu cuerpo con tierra temprana.

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