
La cigarra canta su vieja tonada,
como chicharra que no dice nada.
El suelo resuena con su aspereza,
canta a la sed, canta a la tristeza.
Ya no vuelan aves por los caminos,
se ocultan quietas, bajo los pinos.
Cualquier intento, hasta respirar,
es un modo lento de agonizar.
Todo es clamor, todo es ardor,
suplicio seco bajo el calor.
La vida entera se paraliza,
ni el viento cruza, ni hay brisa.
El lagarto se asó sin error,
y bajo una piedra buscó frescor.
Es el verano cruel del sur,
bajo cielos de un limpio azul.
Arenas doradas, tierras heridas,
piedras que gritan sus propias vidas.
No es peor, tampoco es mejor…
Pero yo lo vivo desde el interior.