
Muñecos de barro, de lodo impasible,
deformes figuras de horror invisible.
Seres quebrados, deshechos sin grito,
pueblan el reino del miedo maldito.
Animales caídos sin esperanza,
cargan su cruz hasta que la balanza
cae con un tiro, seco y preciso,
y el barro se tiñe con su último aviso.
Cadena de muertos que nunca vivieron,
montones de cuerpos que pronto cayeron.
Caballos sin carne, sólo esqueleto,
avanzan al fin con paso incompleto.
El cielo, teñido de rojo encendido,
anuncia que el fin ya ha sido cumplido.
Los justos al cielo, los otros al suelo,
y todo se hunde bajo el mismo velo.
Pero no es real, todo es mentira,
solo un sueño que la noche estira.
La noche en que más placer me concedo,
porque en ella a todos los muertos los veo.
Y así me divierto, sin remordimiento,
pues reina la muerte en mi pensamiento.