Diarios de una Guerra (Rima)

Diarios de una guerra que no empezó,
diarios de un horror que no acabó.
Caídos sin nombre, sangre en el suelo,
vidas perdidas bajo el mismo cielo.

Luchas eternas que no se detienen,
luchas que brotan, que nunca se vienen.
Tierra de nadie, sin aves ni viento,
trinchera de miedo, de eterno tormento.

Simas profundas llenas de dolor,
tumbas de hijos sin madre o amor.
Cuerpos anónimos, carne estallada,
que nadie llora, que no valen nada.

No es nada, solo el viejo tambor,
que anuncia la muerte, que impone terror.
Madres llorando en todas las esquinas,
por hijos perdidos en crueles doctrinas.

La patria lo exige, y en su demencia,
pudre la mente, borra la conciencia.
Hace soldados que irán al matadero,
que morirán por su suelo extranjero.

Y todo termina en fango y metralla,
cuando una mina su cuerpo desgaja.
Cuando a los cazadores, cruel destino,
los cazan los drones desde su camino.

Tierra de muerte, de cuerpos dejados,
que nadie llora, que son olvidados.
Así nacen países, sobre los huesos,
de héroes vencidos, sin versos ni besos.

Guerra, guerra, hijos de la violencia,
que envían a otros sin penitencia.
Ni vuestros hijos, ni vais vosotros,
es la sangre ajena la de los otros.

Y por la vida que se va en vano,
ya no queda nada, solo un humano,
convertido en calavera varada,
que al fin del tiempo no sirve de nada.

Solo la alzan como su bandera,
pobre calavera, rota y sincera.
Tu sino fue morir entre metralla
y ser vitoreada por quien nunca calla.

Por quienes jamás sufrieron la guerra…
¡malditos seáis, hijos de perra!

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