
Hoy me he preguntado, con mano sincera,
por qué mi alma entera siempre espera.
¿Por qué he vivido como un ser pequeño,
dando todo lo que tuve por un sueño?
Lo que me llenaba, lo ofrecí sin medida,
y ahora solo amargura hay en mi vida.
Solo bilis aflora en mi interior,
todo es sombra, tristeza, y dolor.
Suspiro en silencio, desde una esquina,
¿de dónde brota esta amarga inquina
que se infiltra lenta en mi corazón,
como veneno sutil, sin redención?
Y sé la razón, clara y cristalina:
es que he vivido con alma genuina.
Y en ese choque brutal, sin protección,
se me ha partido en dos el corazón.
Ya no espero nada de un compañero
que, terco, solo elige el sendero
de vivir su soledad como bandera,
cuando yo fui quien la rompió siquiera.