
Almas tristes en días azules,
cuando el cielo, sin nubes turbias,
luce algodonales suaves,
como feria de las suaves.
El albero, en pleno día,
se levanta con poesía,
trasiego de mil colores,
pasos, risas, mil olores.
La gente baila al compás
bajo un cielo que da paz.
Casetas de campanillas,
carros, mulas, las sevillanas,
caballos con sus monturas,
dueños de mil imposturas.
Aunque su caseta entera
sea la más bullanguera,
no vale ni su fachada
si su alma está encerrada.
Es nuestra feria adorada,
sin puerta jamás cerrada,
sin secretos ni pecados,
con caminos bien trazados.
Los cacharritos que giran,
las sevillanas que inspiran,
aunque hasta el mismo nombre
nos quite ganas del hombre.
Belleza de vieja ciudad,
que en ninguna otra se da.
No hallarás en otro suelo
ese fuego en cada duelo.
La cordobesa te abrasa
con su mirada que pasa,
es el sol de nuestra tierra,
la que en el alma se encierra.
Del roquedal altanero,
y del río verdadero,
surge el tronío andaluz,
la elegancia con su luz.
Y que no venga el de fuera
a fingir que nos venera.
Aunque bien sea recibido,
no nos mienta, desabrido.
Porque sabemos quiénes somos,
y el tesoro que guardamos.
Así que escucha, buen vecino:
¡guárdate el cuento en tu mohíno!