Cuando la Verde Hierba (Rima)

Cuando la verde hierba
rompe el cemento y se eleva,
y los árboles crecidos
ocupan viejos caminos,
quizá ha llegado el momento,
tras tanto padecimiento,
de dejar atrás la carga
que el corazón aún arrastra.
De abandonar el dolor,
la fatiga y el rencor;
de pensar que, tras la herida,
hay algo más que esta vida.
Quizá detrás del saber,
de cuanto pude aprender,
exista una calma cierta
tras la última puerta.
No hablo de ningún paraíso,
ni de un lugar prometido;
solo de un silencio pleno,
sin angustia ni veneno.
De olvidar las pérdidas,
las noches entristecidas,
la soledad y la maldad
que desgastan la voluntad.
Y guardar como un tesoro
los instantes que atesoro,
los pocos que el sufrimiento
no consiguió llevarse el viento.
Quizá tan solo sea eso,
un último y leve anhelo;
saber que todo termina
cuando concluye la subida.
Sonreír serenamente
al cerrar los ojos lentamente;
dejar atrás la pesada carga
que tanto tiempo acompañaba.
Porque estoy cansado, sí,
como un árbol al rendirse al fin;
como un cuerpo derrotado
por los años acumulados.
Ya nada espero del mañana,
ni de su promesa lejana;
pocas veces me entregó
aquello que el alma buscó.
Por eso espero en silencio,
sin disputa y sin desprecio,
a la sombra del limonero
que acompaña mi sendero.
Quiero reposar tranquilo,
escuchando apenas el río;
y cuando llegue el final,
aceptarlo con naturalidad.
Dejar atrás lo que pesaba,
lo que por dentro quebraba;
y descansar finalmente
como descansa la corriente.
Bajo la sombra querida,
al concluir la partida,
sin ruido ni aspaviento,
solo descanso y silencio.

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