
Amanece después que la noche se va,
y lo deja todo roto al pasar,
tomar otro día sin descansar,
ni una mísera hora poder dormitar.
Para todo el día el cuerpo arrastrar,
con la sensación de que nada va,
quedarte dormido en cualquier lugar
sin siquiera un sueño poder alcanzar.
Y el día se alarga cada vez más,
como si nunca fuera a acabar,
y te arrastras ya sin fuerza ni paz
mientras miras extraño a los demás.
Se mueven ligeros al caminar,
tan rápido todo parece marchar,
y miras tus pies que no quieren andar
como si olvidaran cómo avanzar.
Gente por la calle que a cualquier lugar va,
pero a ti el destino se te va a borrar,
y vuelves despacio tus pasos atrás,
mal día otra vez, lo vuelves a notar.
Te hablan, te dicen que puedes pensar,
pero solo quieres la noche esperar,
sabiendo en silencio que se repetirá,
y entonces te preguntas: ¿para qué aguardar?
La mano en la frente, no puedes más,
parece imposible poder descansar,
te pones en cuclillas a verlos pasar,
tan rápidos todos, que miedo te da.
¿Qué ibas a hacer? Se te acaba de olvidar,
no importa, mañana quizá volverá,
pero ¿dónde estaba? Se vuelve a borrar,
y sonríes cansado sin saber por qué más.
La tarde se pierde en cualquier lugar,
y una duda triste te vuelve a rondar:
si el sueño algún día vendrá a rescatar
al cuerpo cansado de tanto luchar.