El Junco en su Flexibilidad (Rima)

El junco presume de gran flexibilidad,
quiere a todos contentar sin protestar,
pero no es esa jamás mi voluntad:
yo nunca supe ni quise doblegar.
Siempre he sido de carácter tenaz,
un hombre difícil de gobernar,
nunca mi frente he querido inclinar,
ni ante amenazas ni ante la paz.
Y bien caro lo tuve que pagar:
cada cabeza alzada sin doblar
me trajo alguna maldad soportada
de quien quería verme doblegar.
He padecido tiranías tempranas
desde los días primeros de andar,
y nunca me he arrepentido de nada
de cuanto sentí que debía afrontar.
Por eso fui muchas veces maldecido
por sátrapas torvos y malvados,
que todo lo torcieron a su modo
para dejar mi nombre señalado.
Sufrí a diario el daño interesado
de enanos súbitos empoderados
que me querían sumiso e inclinado,
y nunca mi orgullo fue entregado.
Y ahora que soy viejo bien lo sé:
quizá habría logrado prosperar,
puestos más altos habría alcanzado
si hubiese sabido arrodillar.
Mas sé que al final de cada jornada,
cuando la noche me fuera a abrazar,
el sueño jamás me visitara
si por miedo me hubiese hecho callar.
Así hice lo que debía hacer,
aunque el precio fuera mayor cargar;
una vida más dura me alcanzó,
pero mi esencia no quise cambiar.
No cambié nunca mi envoltura,
a todos preferí desafiar,
y a pesar de tanta porfía
al mirar a mi lado pude hallar
gentes que en silencio compartían,
con miedo, la misma forma de mirar,
la misma fe pequeña y obstinada
de no rendirse ni claudicar.
Por eso mi vida tomó forma
y aún hoy puedo seguir de pie,
aunque nunca camino de rosas fuera
ni fácil senda me tocó tener.
Y ahora que la vida ya termina,
con serenidad partiré,
sabiendo que nada por temor
en esta tierra dejé de hacer.
Quizá mi pequeña locura
logre en otro corazón prender,
y no muera jamás en la duda
de que luchar puede valer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *