
Ella camina tranquila por la acera,
como dejando la vida en larga espera,
mueve despacio el aire con su cadera
y roba el aliento, sin querer siquiera.
Mas bien lo sabe: su cuerpo es suave,
su pecho erguido con orgullo leve,
y su trasero firme y bien henchido
despierta al paso miradas y latido.
Nace admiración, la siguen con atención,
cada mirada delata la emoción;
es la hembra cierta, la que hace girar
la cabeza al hombre que pasa al mirar.
La que con un gesto puede encender
o derrumbar lo que creías tener,
la que levanta y rompe naciones,
la hembra viva de tus ensoñaciones.