
Caminar caminos que no llevan a ningún lugar,
caminos olvidados, viejos, llenos de polvo y sal,
perdidos en la inconsciencia de lo ya pasado,
sendas que otros pisaron… y también abandonaron.
Quizás fueron recorridos, tal vez deambulados,
por gente sin destino ni rumbo señalado;
sin preguntas, sin desvelo,
solo piedras vistas desde el suelo.
Caminos empedrados,
caminos dorados,
caminos olvidados,
caminos que prometen llegar a algún lado.
Quizá al sitio que nunca se mueve,
al lugar donde el sueño se atreve;
paso a paso, lento y despacio,
te promete jardines y palacios.
Palacios que nunca soñaste alcanzar,
puertas abiertas para entrar;
pero no olvides jamás,
lo que al final pasará.
Porque el camino te llevará
derechito a un muladar;
el palacio, sí, existirá…
pero para ti no será.
Tú eres apenas barro vulgar,
un pobre puerco en el corral;
ni suerte, ni premio, ni azar
te tocarán al pasar.
No hay sorteo ni milagro celestial,
ni un golpe de fortuna casual;
siempre habrá otro más brillante,
más hermoso, más triunfal.
Y a ti te quedará
solo el cansancio de andar,
el polvo pegado a los pies
y la costumbre de callar.
Así que mira bien el camino,
respira hondo y empieza a andar,
sabiendo desde el primer paso
que a ningún lado llegarás.