
Esperpentos en movimiento,
seres rojos sin sentimiento;
ideas pobres, viejos despojos,
engaños, simples trampantojos.
Rompéis naciones sin razón,
sin otra meta ni aspiración;
hijos de sombras bien pagadas,
de negras mentiras alimentadas.
Perros de oscuro pelaje,
atados siempre a ruin anclaje;
abren la boca, sucia proclama,
y al odio llaman mientras derrama.
Siempre repiten lo que digo:
«No mires nunca lo que hago, amigo»;
su precio es siempre la destrucción,
del mundo entero, el Armagedón.
Niños con rosas rojas en mano,
y cuerpos colgando del vil tirano;
gritan «revolución» con fervor,
como si fuese salvación mayor.
Pero solo traen devastación,
muerte, ruina y desolación;
y dicen firme, mirando a la cara,
la vieja consigna que todo ampara.
Hablan del noble mundo del tajo
quienes jamás pisaron trabajo;
mil mentiras bien relatadas
como si fueran verdades sagradas.
«Di que sí», murmura la voz cansada,
mientras tu vida queda acabada.