
De nuevo aquí me hallo perdido,
en la noche, sin ningún abrigo;
con el cuerpo casi destruido
y el corazón triste y abatido.
Son fantasmas de la oscuridad
los que llaman con terquedad;
golpean quedos en mi portal
mientras guardo silencio mortal.
Solo quiero callar sin hablar,
no deseo que me puedan oír;
y en silencio vuelvo a esperar
que la noche se quiera ir.
Con ansia, con miedo y desvelo
aguardo la llegada del cielo;
pero el alba tarda en llegar
y mi pulso comienza a temblar.
Mi corazón parece estallar
en el pánico ciego de esperar;
porque en esta honda soledad
nada bueno se suele encontrar.
Solo queda la sensación
de que el mal ya llegó al corazón;
y que nada termina al final,
que el dolor vuelve siempre a empezar.
La vida mañana seguirá,
aunque hoy mi esperanza se va;
y en la sombra que vuelve a crecer
solo queda callar… y temer.