
La difusa claridad
lo llena todo al llegar;
amanece, no es poco,
la vida vuelve a reinar.
Y otro día comienza,
otro día nada más;
nada cambia bajo el frío
sol que vuelve a gobernar.
Ese sol pálido y tardo
que todo quiere matar,
que convierte cuanto toca
en un frío infernal.
Y la vida sigue andando
por su viejo caminar,
por el rumbo que el destino
ya le quiso señalar.
Nada queda para el gozo,
ni siquiera para vivir;
solo queda continuar
por el sendero sin fin.
Por las sendas donde el frío
hace a los hombres parar,
hijos libres del albedrío
que no saben regresar.
Llanuras de carámbanos,
de hielo en quietud mortal,
agua helada que del cielo
vino un día a reposar.
Y la vida sigue, helada,
en la llanura callada,
donde el silencio lo cubre
con su sábana nevada.
Mas la nieve, con el tiempo,
cuando vuelva a despertar,
se hará barro en los caminos
por donde habrá que pasar.