
Amanece, de nuevo amanece,
y el hielo, obstinado, aún resplandece.
La sombra quedó atrás, dormida,
aguardando su turno de nueva embestida.
El cielo se enciende en alto vuelo,
mientras lo cruzan las aves rasgando el cielo.
El horizonte, fijo en su altura,
late al compás del tiempo que perdura.
La vida sorprende en su travesía,
pero más asombra la amanecida.
Son los colores que trae la mañana,
los que despiertan el ansia temprana.
Olvidar los terrores nocturnos y fríos,
aunque sepamos que nacerán desvaríos.
Es la trinidad que el vivir convida:
aurora encendida, pausa vencida,
y al fin la noche, grave epitafio,
cerrando el ciclo con gesto agrio.
Solo varía el trecho que ocurre
entre los tránsitos por donde discurre.
Yo ya olvidé la primera luz encendida,
pues siento que mi vida fue ya vivida.