
Días grises, densos y espesos,
de un invierno largo y opresos.
Parece eterno su respirar,
como si no fuera a terminar.
Luces vencidas, casi apagadas,
bajo nubes bajas y agrisadas.
Cielos cerrados sin aclarar,
promesa remota de un despertar.
Hielo voraz que todo devora,
lluvia insistente que cae a deshora.
Cuerpos ateridos buscan consuelo
junto al amparo tibio del fuego.
Ventanas cubiertas de vaho helado,
dibujan paisajes de blanco sellado.
En montañas lejanas, vastas y mudas,
el frío desbasta almas desnudas.
Con nieve y escarcha que todo atenaza,
el invierno aprieta, somete y abraza.
Mas solo resta saber esperar:
algún día tendrá que cesar.
Porque incluso el frío más duro y oscuro
cede su trono al tiempo futuro.